El Fuego Espiritual de Brahmachari Francis Jyoti

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Traducido al español por Victor Carlos. (Original English version here.)

La última vez que vi a Jyoti (Brahmachari Francis) fue hace aproximadamente un año cuando vino de visita a Kali Mandir en Laguna Beach. Llegó acompañado de otros monjes de SRF, queridos amigos míos, quienes querían verme y conocer el santuario de la Madre. Me sentí muy conmovido. Cuando llegaron, cada uno entró al templo donde Dakshineshwari Kali ha sido ritualmente adorada desde 1993, sin parar un sólo día. Los monjes entraron y miraron a su alrededor con curiosidad; no todos sabían qué hacer en un templo tradicional de la India. Algunos de ellos se inclinaron y los demás los siguieron. Jyoti fue el último en entrar.

Cuando cruzó el umbral, tocó la campana fuertemente (esto es una tradición) y con gran alegría y reverencia miró a Ma Kali. Levantó los brazos y cantó en voz alta:

japākusuma bhāsurāṃ japavidhau smaredambikām

["Ella porta una guirnalda de hibiscos rojos, gemas, y es ella misma del color del hibisco rojo". Un verso del dhyanam (meditación) del Sri Lalita Sahasranam.]

Ma Dakshineshwari Kali, Laguna Beach Kali Mandir. © 2016 Usha Harding

Ma Dakshineshwari Kali, Laguna Beach Kali Mandir. © 2016 Usha Harding

Juntó las manos en oración y luego se inclinó completamente en el suelo. Absorto en la Madre permaneció mirándola durante mucho tiempo. Esa mañana se le habían ofrecido muchos hibiscos rojos. Jyoti se levantó y con lágrimas de alegría y devoción en sus ojos dijo: “Vi a la Madre Kali llena de hibiscos rojos, y estos versos cobraron vida. ¡Jai Ma!”.

Y ahora mis ojos se llenan de lágrimas. Lágrimas de amor por esta alma, Jyoti, quien verdaderamente fue una luz en mi vida y en el mundo. Esa fue la última vez que lo vi, pero en mi mente está presente todo el tiempo y en mi corazón siento su espíritu, su sonrisa y su luz, el fuego de su devoción y su sadhana.
 

Su partida

El miércoles 15 de febrero, recibí un correo electrónico de uno de mis queridos amigos, quien además es un sannyasin en el Ashram de SRF, para informarme que Brahmachari Francis había fallecido esa mañana. Fue Phalguna Masa, Shukla Paksha, Panchami Tithi; de acuerdo al calendario védico. Un día después de Paramahansa Yogananda Jayanti, o conmemoración de su nacimiento.

No puedo expresar con palabras las emociones que agitan mi corazón. Como yoguis, vemos la muerte de manera diferente a la mayoría. La amistad, la hermandad en Dios, entre dos luchadores como Jyoti y yo es única. Desde ese día he estado recordando y reviviendo mis experiencias y amistad con esta gran alma. Jyoti era un hombre santo, un tesoro escondido en el Ashram de SRF. Espero que estas anécdotas sobre él inspiren a otros devotos y buscadores de todos los caminos verdaderos.

Muchos devotos (alrededor de 15,000) han leído lo que escribí sobre la vida espiritual de Gangadhar (Br. Marcelo). En dicho tributo, a menudo me refería al "otro" monje que estaba con nosotros. No podía revelar la identidad por respeto a su privacidad e independencia como monje en el Ashram de SRF. Se trataba de Jyoti, Br. Francis, a quien le encantó todo lo que había escrito sobre nuestro amigo Gangadhar, y comprendió la necesidad de ocultar su identidad. Ahora que Jyoti se ha ido, es importante completar la imagen.
 

Nosotros tres - La Sociedad de los Yoguis Muertos

Mi vida fue muy influenciada por Gangadhar (Br. Marcelo) y Jyoti (Br. Francis) durante el tiempo en que yo buscaba mi identidad espiritual en este mundo. Éramos como los tres mosqueteros, apoyándonos espiritualmente e inspirándonos mutuamente durante dieciocho años. Compartimos mucho juntos; tomamos los votos monásticos, trabajamos y, lo más importante, compartimos nuestro esfuerzo espiritual y avivamos el fuego de la devoción de cada uno. Y ahora, ambos se han ido de esta Tierra. Yamaraj, el dios que lleva las almas de la Tierra al cielo, llegó décadas antes de lo esperado, rápidamente y sin previo aviso, para llevarse con sólo dos años de diferencia, a los dos amigos más influyentes con los que contaba en el Ashram.

Los tres nos unimos al Ashram en un período no mayor a seis meses. Jyoti, nacido en Polonia; Gangadhar, nacido en Brasil, y yo (llamado Kenny y posteriormente Brahmachari Laurence) de California. Era mucho más joven que ellos, pero los tres formamos una profunda amistad espiritual. Cada uno de nosotros era muy diferente. Con muy poca probabilidad de que fuéramos amigos, teniendo tan poco en común. Hasta el día de hoy, sé muy poco sobre sus vidas, sus familias o sus personalidades. Pero me atrevo a decir que espiritualmente yo estaba más cerca de ellos que tal vez cualquier otra persona. Esto no significa que no tuvieran otros amigos en el Ashram o más allá, pero fue el tipo de amistad y la forma en que pasábamos tiempo juntos que lo hizo único. Rápidamente nos dimos cuenta de que compartíamos un punto en común: el amor por la sadhana y el aprecio por la locura divina. Hay una palabra en India, pagal o en Bengala, khaepa, que literalmente significa "enloquecido" o "loco". Pero cuando se aplica a los santos, místicos y devotos de lo Divino, tiene un significado liberador de alguien que está tan absorto en la comunión devocional, o tan absorto en la práctica espiritual, que pierde toda practicidad en el mundo ordinario y prospera en lo invisible. Pero el cambio es sólo en la conciencia. Vivíamos enamorados de este estado del Ser, lo venerábamos, y tratábamos de al menos probarlo, aunque fuera un poco, para situarnos en el umbral de la puerta que los Grandes Seres han logrado atravesar.

De izquierda A Derecha: Jyoti, Gangadhar y yo en Lake Shrine.

De izquierda A Derecha: Jyoti, Gangadhar y yo en Lake Shrine.

Compartíamos un vínculo muy profundo, compartimos nuestra sadhana y nos necesitábamos el uno al otro para fortalecer tal determinación. Aquellos que han leído mi homenaje a Gangadhar ahora nos pueden imaginar, a los tres, con nombres secretos, vigilias de medianoche, lectura a contrabando de las escrituras, sadhana apasionada, enérgicos e inofensivos rompimientos de algunas reglas, y así sucesivamente. Un swami muy querido en mi vida actual comentó después de leer este tributo: "¡Ustedes tres habían formado su propia pequeña Sociedad de los Yoguis Muertos!" Me encantó el nombre, refiriéndose a la clásica película Dead Poets Society (La sociedad de los Poetas Muertos). Había, de hecho, ¡muchos paralelismos! Y a lo largo de los años, unos cuantos monjes más se nos unieron. Me pregunto si a la fecha habrá un grupo similar oculto en el Ashram de SRF. En verdad eso espero.

Jyoti Card

Cada uno tenía nombres especiales, nombres de sadhu, por así decirlo. Más tarde supe que nuestro propio Gurudeva, Paramahansa Yogananda, había hecho algo similar. Después de graduarse de la escuela secundaria abandonó su hogar para recorrer la India como sadhu, se hizo llamar Yogeshwar entre su círculo de amigos (se puede consultar en el libro Mejda). Br. Marcelo eligió Gangadhar, un nombre del Señor Shiva y también el nombre de nuestro Paramguru Sri Shyama Charan Lahiri Mahasaya en una vida pasada como yogui. Br. Francis eligió Jyoti, que significa simplemente luz, en el sentido divino de luz espiritual e iluminación. Al principio, yo había elegido llamarme como uno de los amigos de la infancia de Sri Yogananda; Chandi, un nombre de la Diosa, el cual también aparece en la Escritura Devi Mahatmyam. Años más tarde, mientras leía el Srimad Bhagavatam (copia que obtuve en secreto de un monje mayor) quedé fascinado con la historia de Prahlad. En una ocasión, a medianoche me colé en la oficina del monje principal en Mother Center para fotocopiar más de treinta páginas de los capítulos del libro que hablaba sobre Prahlad, y luego saqué dos copias más. Al hacerlo, estaba infringiendo varias reglas: permanecer en el exterior mucho tiempo después del toque de queda, utilizar la fotocopiadora de la oficina para uso personal y estudiar un libro (aunque era una Escritura importante de la India) que los monjes más jóvenes no teníamos permitido leer. Compartí la historia con Jyoti y Ganga, a quienes les encantó. Durante muchas semanas fue nuestro tema principal de discusión e inspiración.

Un día Jyoti dijo: "Nuestro Chandi es como Prahlad; tan joven y lleno de alegría, pero tan diferente de su propia gente que no encaja del todo, ¡y su devoción lo convierte en un rebelde!"

Me miró y dijo: "Tu nombre ahora es Prahlad, ¿qué opinas? ¡Serás un bhakta incluso si intentan matarte por eso!” Nos reímos.

"¡Vale la pena morir y vivir por eso!"

A partir de ese momento, me llamaron Prahlad. Jyoti no me escribía tanto como Ganga, pero aún guardo una tarjeta de Navidad suya, en la que se lee:

Querido Prahladji: "Uno de cada mil Me busca y de los mil que Me buscan, sólo uno Me encuentra". - Sé ese. Pon todo tu corazón en tu sadhana y la más alta realización será tuya. Jai Gurudev

Ma Bhakti - Devoción a la Madre Divina

Dakshina Kali, Bhavatarini Ma en el Templo Dakshineshwar , Kolkata, India.

Dakshina Kali, Bhavatarini Ma en el Templo Dakshineshwar , Kolkata, India.

Y ahora quiero compartir un poco sobre Jyoti. ¿Por dónde empezar? En cierto modo, no importa, porque su comienzo, mitad y fin fueron los mismos: él ardía por Dios. Compartíamos el mismo ishta-devata (el aspecto o ideal del Espíritu que el corazón entroniza de manera especial): la Madre Divina, específicamente Dakshina Kali. Él también adoraba a Lalita Devi. Siempre me hablaba de la Madre, a menudo con lágrimas en los ojos. Cuando éramos monjes novicios, compartió algunos escritos (fotocopiado de contrabando, por supuesto) sobre los Dasamahavidyas, las diez manifestaciones esotéricas de la Diosa asociadas con Sri Vidya, así como el Tantra original. Años más tarde se adentró en el Saundarya Lahari, la cual se convirtió en la Escritura principal de la que extrajo su inspiración y fervor espiritual. En los últimos años, comenzó a memorizar el Sri Lalita Sahasranam. A menudo se le podía ver (sólo algunos de nosotros que sabíamos lo que estaba practicando) susurrando silenciosamente versos de este Texto Divino.

Como discípulo iniciado en el linaje de Paramahansa Yogananda, fue un ferviente creyente de la práctica de Kriya Yoga junto con una intensa devoción a Ma (una forma cariñosa de referirse a la Madre Divina, la Diosa). Él veía la práctica de Kriya, al igual que muchos yoguis de varias tradiciones, principalmente como un método de yoga tántrico que 'despeja el camino' para que la Madre, en su forma de Kundalini Shakti, ascienda por la columna vertebral interna y libere el alma, vista desde un punto devocional como la Madre que 'eleva’ a su hijo sobre su regazo de amor eterno.

Al principio Jyoti me ayudó mucho, por lo cual siempre le estaré agradecido. Incluso ahora puedo ver el brillo en sus ojos, su sonrisa y bullicioso entusiasmo. Era muy franco en lo que se refiere a la espiritualidad. Una ocasión que marcó mi vida sucedió después de haberlo conocido cerca de un año. Aunque platicábamos mucho sobre Kriya Yoga, la sadhana extrema de nuestros Gurus y el estado devocional de adoración hacia la Madre, yo todavía no era consciente de su intensidad y clara comprensión de las prioridades espirituales.

Mientras trabajaba en un importante proyecto para uno de los Brahmacharis que cuidaba de nosotros; Jyoti entró a la oficina y quiso contarme algo sobre Gurudeva. No le presté mucha atención. Luego dijo con entusiasmo: "¡Imagina eso! Ese es el tipo de devoción que necesitamos. Ese es el objetivo. ¡El fuego!"

Sonreí pero no quise comprometerme. "Meditemos ahora mismo, tomemos unos minutos para practicar nuestro mantra y Kriya Yoga con un intenso anhelo, como lo haría Gurudeva".

Le dije: “Me encantaría Jyoti, pero estoy ocupado. Tengo que terminar este importante proyecto”.

Sri Lalita Devi, Ma Tripurasundari.

Sri Lalita Devi, Ma Tripurasundari.

“¿Ocupado?” Su tono era fuerte y desafiante, pero la corriente subyacente de su amor y respeto por mí no cambiaba.

"Estoy seguro de que en tus vidas pasadas estuviste ocupado, tal vez incluso fuiste un monje trabajando en todo tipo de proyectos para la Iglesia. Sí, ocupado, todo el tiempo ocupado en algo "importante". ¡Y mira a dónde te ha llevado eso! No muy lejos. ¿Cuántas vidas más quieres estar ocupado? ¿Ocupado haciendo qué?

Una verdad resonó en mi corazón. Ahora, al recordar ese día, hace diecisiete años, realmente puedo decir que detenerme con frecuencia durante diez minutos para cantar profundamente el mantra y practicar Kriya yoga ha transformado mi alma y le ha dado forma a mi vida. Podría agregar que lo que fuera en lo que estaba trabajando (algo que obviamente no recuerdo) era de poca o nula importancia.
 

Ardiendo, pero sin quemar a los demás

Nos volvimos amigos más y más cercanos. Todos los días hablábamos sobre una nueva faceta en las enseñanzas de Sri Yogananda; y cómo aplicarlas a la vida moderna parecía estar muy alejado del antiguo estilo de vida espiritual de la India. Conversábamos mucho sobre los santos y místicos de la India y el Tíbet, así como de los místicos cristianos. Nuestro entusiasmo a veces se convertía en críticas al Ashram, calificándolo de insípido, rutinario, con poca cultura devocional, carente de las tradiciones de la India, demasiada intelectualidad y énfasis en la organización más que en el espíritu. Sentíamos consuelo al hablar así. Ay, miseria y crítica, amorosas compañeras.

Pero un día, ¡tan claro en mi memoria!, Caminábamos juntos durante horas de trabajo en los Jardines de Meditación en Encinitas. Yo empujaba una carretilla de metal y él cargaba algunas herramientas. Hablábamos del Ashram, y entonces Jyoti me dijo: “Escucha, tú y yo somos hermanos espirituales y debemos ayudarnos unos a otros. Platicamos de cosas tan inspiradoras, y luego nos lanzamos a la crítica. Y aunque tengamos razón, no me hace sentir bien. Distrae mi mente. Y se está convirtiendo en un hábito. ¿Te has dado cuenta?

"Sí, lo he notado", estaba totalmente de acuerdo. Yo también había sentido el cambio en mi corazón.

Continuó: "Tenemos que ayudarnos, ser entusiastas y fuertes. ¡Mantengamos la llama encendida! Pero sin quemar a los demás. Nuestra devoción tiene que ir contra la corriente, pero no permitamos que la crítica y la negatividad hacia otros se vuelva un hábito. Hagamos un pacto. ¿Me ayudarás? Te ayudaré también." 

Y así fue.
 

Practicar la presencia

Jyoti me inspiró a practicar la presencia de Dios... (del famoso libro de Brother Lawrence) durante todas las actividades. Había varias formas de hacerlo. Japa Yoga era una: la repetición del mantra una y otra vez. Escuché por primera vez las palabras Japa Yoga en una charla grabada por Sri Daya Mataji, quien siempre nos inspiraba profundamente para la práctica devocional de japa, meditación y fe amorosa en Gurudeva y la Madre Divina. Sentir las corrientes de prana que fluyen dentro de la espina dorsal era otra forma, y siempre era devocional, estar consciente de este santuario interno donde adorábamos a nuestra Madre, Kali o Lalita Devi, en Su forma de prana y los chakras de loto. Pero, ¿cómo recordar practicar esto en todo momento? La vida, el trabajo, las emociones, los pensamientos, las interacciones con otras personas requieren mucha atención, ya sea estresante o placentera.

Jyoti y yo a menudo hablábamos de compartir nuestras alegrías con Ma, no sólo nuestros problemas. Así que incluso en momentos de risa y alegría, Jyoti me miraba y parpadeaba con ambos ojos, lo cual era una señal para recordarnos mutuamente "practicar la presencia". Después de todo, el fruto del bhakti yoga y la vida espiritual es la verdadera alegría. El camino que elegimos no es de sufrimiento.

Él era innovador, siempre se le ocurrían formas creativas de competir contra la variedad de distracciones que atraen nuestra mente. Recuerdo un día en que Jyoti se me acercó, entusiasmado como siempre, y me contó cómo se le había ocurrido la idea de un reloj que vibrara en silencio como recordatorio para practicar japa. Entonces pensó que las personas sordas probablemente tendrían algo parecido. Al ser monjes postulantes, no teníamos acceso a Internet y no se nos permitía hacer llamadas telefónicas sin un permiso especial. Pero de alguna manera, Jyoti logró vencer todos estos obstáculos y encontró un reloj especial para las personas con problemas de  audición que contaba con una alarma vibratoria. Ordenó uno para él y otro para mí.

Cuando llegaron los relojes, configuramos la alarma para que se activara cada diez minutos, vibrando en nuestra muñeca como aviso para practicar la presencia. Recuerdo algunas veces estando en la sobremesa después de comer, los quince postulantes, más los tres monjes a cargo, sentados, a veces hasta por una hora, discutiendo aspectos de la vida monástica. De vez en cuando, en los momentos de silencio, uno de nuestros relojes vibraba un poco "bz bz". Me percaté de que algunos de los chicos comenzaban a mirar alrededor, ¡tratando de averiguar el origen de ese sonido! Jyoti me miraba y parpadeaba con ambos ojos, una señal para practicar japa.
 

Con el corazón a reventar

Un día Jyoti y yo platicábamos sobre la importancia del canto y la devoción. Hay un pequeño canto de Paramahansa Yogananda, que raramente suena en los templos, en el que las palabras "revienta el corazón, revienta el azul, revienta el alma". Se cantan con dramáticas notas ascendentes. Hablamos de eso, lo que significa hacer estallar el corazón, el alma, el cielo azul. Hablamos sobre la música gospel de los afroamericanos, sobre cómo es quizá la más devocional y conmovedora en América. Lo comparamos con la música devocional de la India, que Sri Yoganandaji, y muchos santos indios después de él, intentaron comenzar aquí en Estados Unidos.

Jyoti dijo: "Aquí es muy fácil volverse metódico y seco. ¡Cantamos todos los días pero a veces pareciera una marcha fúnebre! ¡Necesitamos arder con fervor! ¡Debemos empapar nuestro ser de devoción! ¡Necesitamos la música gospel! ¡Algo que abra nuestros corazones, y luego, con lágrimas en los ojos practicar Kriya Yoga!” A veces, él se expresaba así.

Luego añadió: “Escucha, aquí nadie me toma en cuenta, pero tú les agradas, te escuchan. Ve si puedes organizar un viaje de campo para que todos asistamos a un concierto de música gospel".

Así que trabajé en ello y, para nuestra sorpresa, obtuve la aprobación de los superiores. ¡Eso en sí mismo ya era un milagro inusual!

Fue toda una escena: quince monjes postulantes vestidos con atuendo formal-casual (chaqueta obligatoria, algunos incluso llevaban corbata), acompañados de cuatro brahmacharis y un Monje (también usando chaqueta y corbata) entrando a la Iglesia Metodista Unida de Holman en Adams Boulevard en el corazón de Los Ángeles, para el evento titulado "Gospel Explosion". El pastor principal (el Reverendo Kelvin Sauls, quien hasta la fecha ofrece ahí su servicio al Señor) nos dio la bienvenida a todos y agregó: "¡Es bueno ver a hombres como ustedes en la Iglesia!"

Las caras de los otros monjes están borrosas por respeto a su privacidad por solicitud de la sede central de SRF. Recuerdo que esta foto fue tomada en el intermedio justo después de una canción que nos llevó a las lágrimas a Jyoti y a mí. ¡Alabado sea el Señor!

Las caras de los otros monjes están borrosas por respeto a su privacidad por solicitud de la sede central de SRF. Recuerdo que esta foto fue tomada en el intermedio justo después de una canción que nos llevó a las lágrimas a Jyoti y a mí. ¡Alabado sea el Señor!

La congregación era principalmente afroamericana, de los cuales muchos nos miraban con curiosidad (como lo haría cualquier congregación si veinte hombres como nosotros entraran). Fueron muy cordiales, sonriéndonos en el espíritu de la fraternidad cristiana. Varios hasta hicieron el esfuerzo de acercarse y darnos una cordial bienvenida.

El concierto fue toda una experiencia. No la explosión que esperábamos, ni los coros en masa que se ven en el sur. Estas fueron intervenciones más pequeñas, coros juveniles, bailes dramatizados y palabra hablada. Y fueron impresionantes. Jyoti y yo sentimos como si las puertas cerradas de nuestros corazones se abrieran de golpe. Recuerdo tres de las actuaciones hasta el día de hoy. Una de ellas, la compartiré aquí.

Yo estaba sentado al lado de Jyoti, y él ansioso por que su corazón se incendiara con la explosión devocional de fervor desenfrenado tan característico entre muchos afroamericanos. Sucedió. Varias veces miré a Jyoti y vi sus ojos llenos de lágrimas. Alrededor de la mitad del concierto, el Reverendo llamó a una mujer de la congregación para cantar. Una hermosa y fuerte mujer se puso de pie y caminó hacia el altar, cuando de repente su hijo gritó: "Mamá, no te vayas. ¡Quiero a mi mamá! ¡Quiero a mi mamá!”

Se dio la vuelta, volvió para recogerlo en sus brazos y regresó al altar. Allí, de pie ante el micrófono y frente a todos, sosteniendo a su hijo, entonó una canción hermosa y poderosa al Señor. El poder de su voz y la maternidad con que sostenía a su hijo eran abrumadores. Jyoti y yo, estábamos nuevamente con lágrimas y los corazones a reventar.

Después de la alabanza musical, nos despedimos y entramos a las camionetas para regresar a Encinitas. Jyoti, Ganga y yo nos sentamos en el asiento trasero para meditar juntos. El viaje a casa tomaría más de dos horas. Cuando los demás postulantes se quedaron dormidos, le guiñé un ojo a Jyoti y a Ganga, y me moví silenciosamente hacia el fondo de la camioneta para sentarme con las piernas cruzadas en el suelo y meditar, aunque Jyoti y Ganga tenían más espacio en el asiento trasero. Tomamos ese torrente de devoción y lo canalizamos para saciar nuestra sed, lavar los secos y polvorientos altares de nuestros corazones, para bañar los pies de la Madre Divina en el interior. Aquella meditación de dos horas, retumbando en la parte trasera de la camioneta, sigue siendo un recuerdo vivo que me enseñó mucho sobre devoción, música, canto y adoración.

Y todo esto se lo debo a Jyoti y su inspiración original, su pasión, entusiasmo, devoción y sadhana creativa. 
 

¡Canta el Nombre Divino!

Sri Paramahansa Yogananda cantando con el armonio

Sri Paramahansa Yogananda cantando con el armonio

Mientras escribo, veo en mi escritorio una pequeña foto de Paramahansa Yogananda en India que Jyoti me regaló. Siempre decía: "No me gusta referirme a él como 'Maestro', esa palabra no le hace justicia. Yo le llamo Gurudeva".

Me dijo: “Yo no puedo cantar como tú. Pero me encanta escuchar y sentir tu devoción".

Así que hicimos un acuerdo: yo podía cantar en cualquier momento de la noche y él no se molestaría. Tenerlo como vecino en el Ashram de postulantes fue una gran fortuna: no podíamos elegir nuestras habitaciones, y había más de veinte en el edificio. Jyoti y yo estábamos en el lado "ruidoso" del edificio, frente a la autopista 101. A medida que alcanzábamos mayor antigüedad, pudimos habernos mudado a las habitaciones más agradables y tranquilas. Pero ambos decidimos permanecer ahí por más de tres años debido al vínculo que compartíamos. Esto era único: en otros Ashrams, mis monjes vecinos se quejaban de que yo cantaba a altas horas de la noche o muy temprano en la mañana. Necesitaban dormir y estar tranquilos, mientras yo necesitaba a Ma. Pero Jyoti, Ganga, y algunos otros hermanos que llegaron a mi vida más tarde, siempre avivaban las llamas de mi devoción.

Cierto día, como monjes novicios (después de alrededor de cinco años en el Ashram), fuimos a un evento monástico del Ashram en Hidden Valley. Después de caminar, practicar algunos deportes, meditar brevemente, disfrutar una gran comida de pizza y helado; comenzamos a ver una película de acción. Jyoti y Ganga se acercaron a mí para recordar nuestro pacto habitual: nos sentaríamos en la silla, pero nunca nos apoyaríamos en el respaldo de la silla, y prometimos no involucrarnos demasiado con la película y en su lugar practicar japa. (Esto me recuerda la noche que vimos la película épica Gladiador, y mantuve los ojos cerrados durante toda la función. Hasta el día de hoy nunca la he visto. ¡Sólo la he escuchado!).

Antes de sentarnos a ver la película, Jyoti me susurró: "Ahorra tu energía porque meditaremos hasta tarde esta noche".

Fue tan dulce, alrededor de las 10:30 pm cuando los demás fueron a sus habitaciones, nos dirigimos a la pequeña Capilla de Adobe para meditar. Jyoti dijo: "Canta cuando quieras. Yo sólo meditaré y cantaré interiormente contigo".

Tuvimos largos períodos de silenciosa meditación hasta aproximadamente las 3:00 am. Y yo cantaba cada vez que me sentía movido a hacerlo, sin inhibirme o preocuparme por lo que otros pensaran, y podía sentir el corazón de Jyoti allí mismo, cantando conmigo.

Años más tarde, él se encontraba en el Departamento de Jardinería de Mount Washington y yo en Encinitas como Asistente en Housebrother, vino a visitarnos y se quedó en el Postulant Ashram como invitado, Br. Jayanandaji, a quien amábamos y respetábamos profundamente. Reconoció mi amistad única con Jyoti y la apoyó. Jyoti me trajo un poema inspirado por Sri Chaitanya. Se titulaba "Canta el Nombre Divino". Después de haberme dado ese poema, durante aproximadamente un año, siempre que me saludaba por teléfono o en persona decía: "¡Canta el Nombre Divino!" Me alegro con la coincidencia de que hoy, cuando se publica este tributo, es el día de luna llena de Holi y Gaura Purnima, la aparición del nacimiento de Sri Chaitanya.
 

El hilo mágico

Otra forma de mantener el fuego interno fue seguir el inspirador consejo del hermano Bhaktanandaji: sentarse y practicar seis kriyas de forma intermitente durante todo el día. Jyoti tuvo la idea de hacer esto muchas veces durante las horas de trabajo, algo muy controversial. Para demostrar su punto, citó de la Autobiografía de un Yogui, cuando el joven Mukunda, siendo un nuevo monje en el Ashram de Swami Dayananda, fue elogiado por su trabajo en la oficina, pero criticado por descuidar algunos de sus deberes para retirarse a orar o permanecer en su habitación de sadhana por largas horas. "No trates de atrapar a Dios tan pronto", decían los otros monjes.

Jyoti lo comparó con nuestra situación actual. La clave era, por supuesto, no ser atrapados, y trabajar muy duro para que la pereza espiritual no se colara en nosotros. Siendo un chico trabajador, me resistí a la idea. Pero Jyoti fue convincente. Él vendría, me encontraría trabajando y diría: "¡Tomemos un descanso para el alma! Todos toman cinco minutos para usar el baño, ¿por qué no podemos dedicar 5 minutos a la Madre Divina?"

Buscaríamos un lugar, nos sentaríamos durante cinco minutos y practicaríamos seis kriyas y japa. Los resultados fueron estelares. Me sentía lleno de energía, con más devoción y descubrí que mi vida tenía un nuevo y sutil propósito. Me di cuenta que estos descansos eran como un hilo mágico que unía la meditación matutina y el estudio, practicando la presencia durante el trabajo, la meditación nocturna y el sueño. Hacer esto ayudó a que fuera más fácil mantener la motivación. Esta realización, esta práctica, fue inmensa, un acontecimiento muy importante en mi vida.

Esperaba con ganas esos descansos con Jyoti. Yo estaba a cargo del vivero de flores y él trabajaba en el paisaje del acantilado, por lo que nuestras áreas de trabajo tenían privacidad. Me encantaba reunirme con él. Sentarnos en el borde con vista al vasto Pacífico, en los terrenos sagrados donde Gurudeva y Rajarsi Janakananda permanecían en feliz Samadhi, una bendición increíblemente hermosa. Esos cinco minutos eran divinos. En días de menos trabajo, los cinco minutos se convertían en quince. 

Un día, un hermano monje que cortaba el césped nos vio. Más tarde por la noche me llamó y me enfrentó con fuerza. Era un buen amigo y su franqueza nunca me hizo daño porque me respetaba y era un hombre honorable.

Él dijo: "trabajo muy duro, y te veo a ti y a Francis sentados allí meditando, y eso me molesta. También me gustaría meditar, pero no puedo. No tengo tiempo. No es justo que descuides tus deberes y te salgas con la tuya".

Yo respondí: "Te entiendo. Yo pensaba igual. Pero hice este cambio. En realidad, no tengo más tiempo, genero más tiempo. Tengo tanto trabajo como tú. Pero cuando tomo estos descansos y vuelvo a mis actividades, trabajo más duro y con más eficiencia y entonces lo termino. Esto yo lo elijo, no me lo están regalando".

Lo entendió, y lo probó por sí mismo. Luego se convirtió en un practicante muy devoto, hasta el postulante más disciplinado y trabajador tomó estos pequeños y secretos descansos. Conseguimos terminar más trabajo que nunca. Y nadie se enteró.

Para nuestra alegría, esta práctica se extendió a los monjes más jóvenes y por algún tiempo fue incluso un tema de discusión. Estamos eternamente agradecidos con el hermano Bhaktanandaji por alentar esta práctica.
 

Alakh Niranjan

Un alma querida llegó a nuestras vidas unos tres años después de que entráramos al Ashram. Janzel, de Puerto Rico, tenía un amor innato por la India y las formas tradicionales de los yoguis y los sadhus. Había memorizado el Lalita Sahasranam (¡en secreto, por supuesto!) Durante sus años de postulante. También era adepto al hatha yoga y a varios kriyas. Aquellos que leyeron el homenaje a Gangadhar recordarán la parte sobre el Kechari Mudra. Janzel era otro que tenía el deseo y la capacidad de practicarlo. Él y Jyoti a menudo hablaban de los kriyas preparatorios para Kechari Mudra, principalmente Talabya Kriya. Se hace un chasquido con la lengua. En esta época de la práctica de Kechari Mudra, Jyoti, tan eficiente como siempre, nos dijo que mientras trabajábamos podíamos estirar la lengua y fortalecerla para Kechari Mudra, logrando así dos objetivos al mismo tiempo. A veces llamaba a Janzel o a mí en voz alta, a través de los Jardines de Meditación en Encinitas, con ambas manos en alto y una fuerte sonrisa, "¡Alakh Niranjan!", Seguido a menudo por un fuerte "chasquido" de su lengua haciendo Talabya Kriya a manera de recordatorio de cómo podríamos aprovechar el tiempo. (Alakh Niranjan es una importante afirmación y saludo iniciado por el antiguo Nath Yogi perteneciente al linaje de Matsyendranath y Gorakhnath, a quienes se les atribuye el desarrollo de varios kriyas y hatha yoga).

Considero importante hacer notar cómo Jyoti nos saludaba regularmente. Nunca decía "hola" a nadie. En su lugar, hacía un saludo entusiasta en forma de bendición o recordatorio de Dios, y estos cambiaban reflejando la vida espiritual tan dinámica que poseía. Después del concierto Gospel, fue "¡Alabado sea el Señor!", El más común era "¡Jai Guru!" O "Jai Ma", y durante un tiempo fue "¡Sólo Amor!". Después de que Gangadhar encontrara hermosos versos sobre la ceniza sagrada y de cómo todos nosotros y todas las cosas creadas se convierten en cenizas, recuerdo que Jyoti nos saludaba a Ganga y a mí con un dramático "¡Cenizas!"

Janzel Nandikesha, quien ahora vive en México, compartió conmigo una experiencia muy especial que tuvo el día de la muerte de Jyoti. Otro ejemplo de cómo esta alma tocó nuestras vidas, y cuánto amó a su pequeña banda de 'locos' guru-bhais; tanto que consiguió hacer un espacio para tocarnos de alguna manera después de su muerte, antes de dejar este plano por completo.
 

Revelación de la Madre

Cierto día encontramos un lugar encantador que Ganga conocía: debajo de un árbol de Melaleuca en el acantilado. Nos sentamos allí como de costumbre, pero esta vez Jyoti tenía una petición especial: "¿Cantarías Desire My Great Enemy?"

La canté despacio y en voz baja.

Desire, my great enemy with his soldiers, surrounded me;
Is giving me lots of trouble O my Lord
That I enemy I will deceive, remaining in the castle of peace
Night and day in Thy joy, O my Lord.
What will be my fate, O Lord tell me?
Pranayam be thy religion, pranayam will give thee salvation
Pranayam is the wishing tree.
Pranayam is beloved God, pranayam is Creator Lord
Pranayam is the Cosmic World
Control the little pranayam, become All Pervading Pranayam
You won’t have to fear anything anymore.

[Un canto bengalí que Sri Yoganandaji aprendió de su Guru Swami Sri Yukteswar y más tarde tradujo al inglés para su libro, "Cantos Cósmicos"]

(Traducción libre: El deseo, mi gran enemigo que con sus soldados me rodeó;
Está causándome muchos problemas oh mi Señor
Engañaré a ese enemigo, permaneciendo en el castillo de la paz.
En tu gozo noche y día, oh mi Señor.
¿Dime, oh Señor, cuál será mi destino?
El Pranayama será tu religión, pranayama te concederá la salvación.
Pranayama es el árbol de los deseos.
Pranayama es el Amado Dios, Pranayama es el Creador
Pranayama es el mundo cósmico
Controla el pequeño pranayama, conviértete en el todo penetrante Pranayam
Y no tendrás miedo a nada.)

La realidad de estas palabras era muy tangible sentado allí junto a Jyoti debajo del árbol. Y luego, volvimos al trabajo. Seguí pensando en el significado. Mi ishta-devata había sido la Madre Kali desde los 17 años -a través de la devoción que Sri Yoganandaji tenía por Ella- cuando tocó mi corazón. Así que comencé a cantar "Pranayam es la amada Ma-aa" una y otra vez, pensando en Su ser dentro de mí como Kula Kundalini, y Su Shakti dándome vida. Me sentía abrumado por esta percepción. No podía esperar para compartirla con Jyoti. Esa noche le conté, y mientras escuchaba, lágrimas llenaron sus ojos y, con una sonrisa de felicidad, dijo: "¡Tuve el mismo pensamiento! ¡El mismo! Ya ves, la Madre Divina nos lo dio. ¡Mira cuánto puede revelar en sadhana!"
 

Jyoti irradiaba una alegría que brotaba de forma muy poco común de su amor y devoción por la Madre Divina. Y le encantaba compartirla con otros devotos.

Jyoti irradiaba una alegría que brotaba de forma muy poco común de su amor y devoción por la Madre Divina. Y le encantaba compartirla con otros devotos.

Manantial infalible

Un día, trabajando en el vivero, yo trataba de localizar una fuga en las tuberías subterráneas. Ganga vino a ayudarme y, minutos después, Jyoti se detuvo a hablar con nosotros sobre Dios. Cavando aquí y allá, no muy seguro de si estaba en el lugar correcto. La discusión se centró en dudar del Guru, dudar de la sadhana, dudar de la cercanía de la Madre Divina.

Jyoti comenzó a decir: "Es tan simple, pero nos gusta complicarlo. Gurudeva decía que si usas el pico de la sadhana y cavas en tu propia conciencia con amor y devoción, las aguas de amor y alegría de la Madre Divina brotarán de manera infalible. Infaliblemente dijo. ¡Infaliblemente!"

En ese preciso instante, el agua comenzó a brotar del agujero que estaba cavando. Nos miramos por un momento y dándonos cuenta de la hermosa sincronicidad nos echamos a reír. "Jai Ma! ¡Jai Guru!” Gritamos.

Nos miramos el uno al otro diciendo: "¡Infaliblemente!" Una y otra vez, con lágrimas en los ojos. Incluso ahora puedo ver los ojos de Jyoti, radiantes, profundos, con lágrimas de devoción.
 

Hablemos de Dios

Jyoti poseía un gran corazón y siempre expresó su amor a los demás. Al igual que Ganga, no tenía enemigos en el Ashram ni en ninguna otra parte, pero al principio tampoco contaba con amigos cercanos. En cierto modo, la vida monástica es solitaria incluso estando rodeado de otros monjes todos los días. Con el tiempo, por supuesto, Jyoti desarrolló amistades con algunos de ellos. Cierta ocasión me dijo que tenía la esperanza de ser transferido al Ashram de Hollywood, porque ahí había pocos monjes y nadie lo molestaría. Estaba feliz cuando, hace algunos años al fin fue transferido. Quería la libertad de adorar a su manera, sin tener que explicar o lidiar con las críticas; y ciertamente podría incomodar a algunos monjes con su honestidad y alabanza desenfrenada por Dios, aun sin la intención de hacerlo. A veces no tenía más remedio que mantenerse "en guardia", al igual que Gangadhar y algunos de nosotros. Pero con el tiempo aprendimos a guardar una parte de nuestras vidas oculta y privada. Eso funcionó. Todos queríamos armonía, e hicimos todo lo posible por navegar a través de las "áreas grises" entre la armonía, el conformismo y la individualidad.

Durante los primeros años, Jyoti, Ganga y yo no tuvimos más remedio que permanecer juntos, y aprovechamos al máximo este tiempo. Me alegro de haberlo hecho porque una vez que recibimos nuestras tareas después de la capacitación inicial, nos ubicaron en diferentes lugares del Ashram. Durante el período de entrenamiento monástico —los primeros cinco a seis años— se enfatiza la participación en grupo y se desalienta mucho la voluntad propia y la individualidad. Un día, un monje mayor perteneciente al equipo del Ashram de Postulantes habló con Jyoti y conmigo.

"El Maestro dijo que no debemos formar pandillas en el Ashram”, y añadió. "Ustedes tres pasan mucho tiempo juntos. ¿Por qué no se unen a los demás?"

Jyoti dijo: "No es una pandilla. Estamos juntos porque queremos a Dios y eso es lo único que tenemos en común. No escojo ni elijo. Los demás son buenos, pero no me gustan sus conversaciones. Y a ellos no les gustan las nuestras".

El Hermano dijo: "¿En serio? Bueno, ¿y de qué hablan?

“¡DE DIOS!” contestó Jyoti con voz fuerte y acento grave.

El Hermano se rio de su simple y contundente respuesta. Luego, al darse cuenta de la sinceridad en Jyoti, lleno de lágrimas en sus ojos dijo: "Bueno, tal vez todos deberíamos hablar más de Dios".
 

La llama sigue ardiendo

Estos son algunos recuerdos de Jyoti que aún viven en mi corazón. Las otras historias serían difíciles de compartir sin tener que dar mucha explicación sobre el contexto. Y, como seguramente saben, hay recuerdos que deben permanecer en el jardín secreto del corazón y sólo en las circunstancias más íntimas podrían ser compartidos.

En honor a Jyoti, he estado escuchando el Saundarya Lahari (escuchar aquí) y Lalita Sahasranam (escuchar aquí) estas últimas semanas, visualizando hibiscos rojos alrededor de los pies de loto de Ma y reviviendo aquellos tiempos juntos. Él y Gangadhar llegaron a mi vida durante los años de formación como monje y continuaron inspirándome y amándome en todo momento. Y aún lo hacen. Cuando permanezco despierto muy tarde por la noche practicando sadhana o haciendo una puja especial como Mahashivaratri, estoy con ellos. Cuando ofrezco hibiscos rojos a los pies de Ma o cuando Le canto, a menudo siento que Jyoti está cerca. Cuando noto que mi mente está vagando durante alguna actividad intensa o resolviendo las complejidades de mi mundo, nos veo juntos, guiñando el ojo, asintiendo con la cabeza y sonriendo para mantener la japa interior, haciendo arder el éter con el Nombre Divino. Cuando platico con devotos y amigos sobre temas espirituales, me imagino cuánto disfrutaría Jyoti estar allí

Jyoti quería ir a la India, la fuente de nuestro linaje espiritual, para tocar el santo 'césped' que nutre a los devotos y produce maestros imponentes de los cuales uno era nuestro Gurudeva. Ahora tengo la libertad de ir en peregrinaje. Y cuando vaya a la tierra sagrada, ofreceré flores y mantras en nombre de Jyoti. Pensaré en él y en Gangadhar cuando me bañe en las aguas benditas del Ganges y meditaré en la quietud de la oscuridad. Y no porque se lo estén perdiendo. Estoy bastante seguro de que donde ellos están ahora, el celestial Ganga fluye con luz pura, las majestuosas noches son iluminadas por la presencia de los Gurus, y las guirnaldas de hibiscos rojos no se desvanecen, sino que florecen y se balancean en el cuerpo de la Madre. Así como Ella, en vivificante gloria, les da la bienvenida con Su danza de la creación.

Ma Kali y Gurudeva me dieron a Jyoti y Gangadhar. Los echo de menos. Pero qué gran bendición tuve al conocerlos y compartir su sat-sangha. Me ayudaron a mantener el fuego encendido. Después de dejar el Ashram, ambos se alegraron de ver que mi nueva vida tomaba forma: nunca se les ocurrió que me podía extraviar o que corría el riesgo de perder mi enfoque espiritual y el fuego interior. Aun ahora puedo escuchar sus voces: "¡Permanece absorto en Ma!"

Gracias, gracias mis hermanos espirituales, por su sincera y sagrada amistad.

Ahora se elevan.

Con los corazones en llamas.
 

Om Sri Sadgurudevaya Namaha

Om Namo Bhagavate Vasudevaya

Om Sri Lalitambikayai Namaha

Om Sri Kalikayai Namaha

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